"Una carretilla, una alcachofera y un anuncio de espárragos desconcertante"

Quien me conoce, sabe que tengo una especial predilección por los anuncios televisivos, los cuales, lejos de molestarme, escudriño con mi mirada de hombre curioso y amante de los detalles.

Fue, justamente, practicando este "deporte" promocionado por las cadenas de televisión con pasión y ahínco, que me di cuenta que el anuncio de espárragos Carretilla, en que un fornido y agraciado agricultor nos vende las virtudes de este auténtico manjar de reyes, estaba rodado en medio de un campo de alcachofas y no en medio de un campo de espárragos, como tenía que ser.

¿A qué era debido este desfase, que si no eres muy ducho en botánica pasa totalmente desapercibido? ¿Por qué, si en un anuncio de un producto derivado del tomate te salen tomateras, o en uno de calabazas te salen calabaceras, en uno de espárragos te salen alcachoferas? Aunque pueda parecer mentira, todo tiene su sentido y más si sabemos que, en el mundo de la publicidad, no se da nunca puntada sin hilo.

Acompáñeme un ratito, por favor, que se lo explicaré con mucho gusto.

Los spots televisivos, debido a su naturaleza de moscas cojoneras que han de caer simpáticas a quien las está padeciendo, juegan a mezclar en los escasos 20 o 30 segundos que duran una historia interesante, una estética atractiva y un mensaje comercial que incite al público objetivo a consumir aquel producto o servicio (ver Una de anuncios: Light Blue de Dolce & Gabanna.). En el caso de los espárragos Carretilla, la premisa no cambia, pero igual que una tomatera puede ser estética, un campo de cultivo de espárragos es lo más desangelado que un publicitario se pueda echar al objetivo de su cámara.

Para comenzar, ese espárrago que se come usted con la ensaladilla o en el vermut es, simplemente, el brote inmaduro de la esparraguera (Asparagus officinalis), un arbusto mediterráneo que -aunque en realidad sea una hierba- hace entre 1 y 1,5 m de altura y se reproduce por rizomas. Ello hace que, como las cañas, la esparraguera emita brotes desde la raíz que cuando salen al exterior dan lugar a una nueva planta que dura unos cuantos años.

Considerado un manjar afrodisíaco, se cocinan y cultivan desde la época de los romanos. Pero... ¿cómo se cultivan para que no sirvan para salir en un anuncio? Como he comentado antes, al ser el brote que sale desde la raíz de la esparraguera, el cultivador, para que ese brote sea grande y grueso, siembra el rizoma (la llamada garra) en zanjas a una cierta profundidad. Pasado un tiempo, la raíz comienza a emitir brotes en busca del sol de cara a formar una nueva planta. Sin embargo, si dejamos que dichos brotes alcancen rápidamente la superficie de la tierra, enseguida se harán duros y sacarán ramas, por lo que no obtendríamos más que un palo incomestible.

De esta forma, el productor, controlando el crecimiento de los brotes -conocidos como turiones-, va amontonando tierra encima de ellos (aporcar, que le dicen) para que se estiren, engrosen, y, debido a la falta de insolación, mantengan su color blanco característico. Es entonces que, una vez alcanzada la medida deseada, se desentierran los turiones, se cortan y se manipulan convenientemente para llegar a la mesa de los consumidores, ya sea fresco o en lata. En el caso de los espárragos verdes -los cuales son exactamente la misma planta-, el turión no se "aporca", y se deja crecer un tiempo prudencial al sol para que la clorofila tenga tiempo de hacer su aparición sin que se endurezca ni empiecen a desarrollarse las ramas, cortándose y vendiéndose usualmente en manojos frescos.

No obstante, la esparraguera necesita desarrollarse para "recargar" de energía el rizoma por lo que, una vez pasada la temporada de recolección -primavera, principios de verano-, se deja que algunos brotes se espiguen y lleguen a formar la planta, la cual se poda a ras de suelo durante el invierno para que vuelva a brotar al llegar la primavera siguiente. Así las cosas, el cultivo de los espárragos es eminentemente subterráneo, por lo que, a parte de un campo de tierra acaballonada, a menudo con plásticos por encima para evitar que salgan malas hierbas, o un campo lleno de plantas que nadie relacionaría con los espárragos y que, encima, de lejos, parecen plantas de marihuana, los publicitarios no tienen más que un auténtico papelón.

Pero no acaba aquí. Para más inri, debido a la competencia extranjera, el cultivo del espárrago en España ha caído en picado, haciendo que sea muy poca la cantidad de tierra dedicada a la esparraguera en la actualidad. De esta forma, Carretilla, la cual importa la inmensa mayoría de sus espárragos de China y Perú, tendría serios problemas para rodar un anuncio en sus tierras y con su producto, por lo que ha optado por poner como paisaje de fondo una planta baja, estética y que inconscientemente se relaciona con verduras, como es la alcachofera. Eso sí, con las alcachofas convenientemente recolectadas para que no sea muy evidente que no tienen nada que ver con los espárragos, claro.

En conclusión, que detrás de un sutil detalle en un anuncio de televisión se esconden problemas de estética, de creatividad, de producción, de marketing e incluso de globalización, que nos pasan totalmente desapercibidos en el breve lapso de 20 segundos que dura el spot. ¿Quién dijo que los anuncios no tenían interés?